La conservación del pavonado en las armas antiguas:
El problema de la conservación del pavonado en las armas antiguas suele ir unido al de los grabados o relieves en oro que normalmente le acompañan en las piezas de mayor calidad.
El pavonado tan característico de los sables para oficiales a partir de mediados del siglo XVIII, que alcanza su más hermosa expresión en los tonos azules, nos llega la mayoría de las veces con desgaste producido por la limpieza y el roce de la vaina. El que una pieza mantenga la cantidad suficiente como para apreciar la tonalidad es un logro suficiente y raro como para que pongamos todo el empeño en mantenerlo sin deteriorarlo más.
El intentar realzar el pavonado con una limpieza profunda es algo peligroso que en general no es aconsejable. Naturalmente todo depende del estado de la pieza al llegar a nuestras manos. Si hay suciedad o grasa lo mejor es quitarla con agua templada y un jabón natural neutro que debemos aclarar por si acaso lo antes posible, para secar con un paño suave y sin frotar.
Para la protección podemos usar una cera de abeja sin aditivos, extendida en una capa muy fina, aplicada suavemente y abrillantada con la mínima presión de otro paño suave. La cera podemos calentarla ligeramente para facilitar la aplicación que debemos hacer con cantidades ínfimas de cada vez. Siempre es recomendable no actuar con movimientos amplios, sino sobre zonas pequeñas, observando si nuestra acción altera el pavonado antes de continuar. La cera le dará una vez seca y abrillantada una viveza que no debe nunca llevarnos a intentar aumentar con una acción más enérgica y continuada. El que lleguemos a tener una pieza antigua con su pavonado original es algo suficientemente importante como para no arriesgarnos a perderlo.
Hay en el mercado productos que se indican como profesionales para anticuarios y restauradores, mucho cuidado con ellos, asegurémonos antes de que son neutros en su actuación sobre las superficies a aplicar. No olvidemos que el fin de esos productos puede ser el de dar realce a las piezas con fines estéticos y comerciales, sacrificando a veces la verdadera conservación que es, simplemente, el mantener incólume lo que tenía en origen la pieza que ha llegado a nuestras manos.
José Antonio Solís